Estamos familiarizados con la idea de bacterias buenas y bacterias malas. La industria cosmética lo sabe.

Términos como “respetuoso con el microbioma”, “imita o estimula la protección natural de la piel” y otros que no quiero ni repetir se han hecho cada vez más frecuentes.

¿Pero de dónde se han sacado esto?

Pues a ver, hay hechos científicos que casi todos tenemos muy claros. Uno de ellos es que las bacterias que están en nuestro tracto digestivo son necesarias, y que si queremos gozar no solo de una buena digestión sino también de una buena salud debemos de cuidarlas.

De ahí que en los refrigerados del supermercado haya un sinfín de yogures repletos de bacterias buenas que prometan mantener a raya a las que no lo son. Y que además, para el que no es muy de yogur, haya suplementos alimenticios con tal concentración de bacterias amigas que ni en una placa de laboratorio.

Y pensaréis —si muy bien pero, ¿qué tiene que ver todo esto con un cosmético?

La idea tiene su fundamento, la piel también tiene sus microinquilinos. Y tal y como ocurre en los intestinos (por dios, que palabra más fea), son muy necesarios para que mantengan la piel saludable y actúen evitando la entrada de todo mal bicho que se digne a aparecer.

La microflora de la piel (a los de marketing les gusta más usar microbioma) está formada por muchísimas bacterias, cada una de su padre y de su madre. De hecho, hay tanta diversidad que es un enorme problema hacer un “censo” de estas bacterias. Varían de la cara al antebrazo, entre la mano derecha y la izquierda, entre hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Y si incluimos los hábitos de higiene, estilo de vida y demás, el tema se convierte en una autentica locura.

El caso es que todavía no se tiene muy claro el “para qué” de estas bacterias en la piel. Los avances técnicos están consiguiendo ponerles nombre y apellido. Aun así, es difícil comprender del todo su función como guardianes de la piel o cualesquiera que sean sus otros quehaceres.

Hasta aquí, todo muy lógico. Pero insistiréis —hablando de cosméticos, de belleza, de estar guapas… ¿y de bacterias?

Suena raro pero sí.

Se está estudiando por ejemplo el acné o la quemadura solar en relación con la microflora, y ya antes se había hecho con la dermatitis atópica y la sequedad de la piel.

Pero antes de continuar, ¿os suenan los PREbióticos y los PRObióticos?

Los PREbióticos, son comida para las bacterias buenas, para que crezcan bien y trabajen más, pero para las malas son todo lo contrario. Y los PRObióticos son bacterias buenas, vivas o adormiladas, que ayudan a equilibrar las microfloras del intestino o de la piel.

Pues bien, en el año 2005 salió al mercado el primer cosmético con PREbióticos, que incluía extractos vegetales de pino, arándano y ginseng, capaces de reducir el número de P. acnes, la bacteria responsable de la inflamación de la piel con acné. Después llegaron PRObióticos que mimaban a S. epidermidis ayudando así a las pieles sensibles y enrojecidas.

Poco a poco, el mercado ha ido creciendo y actualmente este tipo de cosméticos constituyen un diminuto nicho con un potencial gigante. Uf, con esta última frase parece que soy de marketing.

Llegados hasta aquí, seguro que tendréis en mente la pregunta del millón.

Y sí, a mí me gustan. Principalmente por tres razones:

Primero, son cosméticos pensados para actuar en la capa más externa de la piel, la epidermis. Y esto facilita muchísimo las cosas.
Segundo, el uso de PRE y PRObióticos a nivel terapéutico viene de largo, así que aprovechar estos conocimientos es un buen comienzo.
Y tercero, hay muchos científicos estudiando y publicando cosas súper interesantes.

Las evidencias científicas son un requisito fundamental para el éxito de un producto, y más cuando se trata de un cosmético ya que la credibilidad en esta industria siempre está en entredicho. He aquí, motivo número uno por el cual me he puesto a escribir este blog.

En cualquier caso, aún quedan por superar muchas dificultades.

Como el trasladar los resultados obtenidos en el laboratorio a cosméticos que gusten y satisfagan las expectativas del consumidor, o el que estos “yogures cosméticos” se mantengan en condiciones lejos del frío, y tengan una vida razonable en nuestros cuartos de baño.

Y puestos a pedir, yo pediría mejorar y abaratar la tecnología, para que en un futuro sepamos quienes son los microinquilinos que tiene cada uno en su piel, y diseñar entonces cosméticos con los PRE y PRObióticos más adecuados.

Lo contentos que estaríamos todos con nuestra piel.

Molaría.

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