El maquillaje, un arma de doble filo

Mi hija, que no tiene ni 10 años, me roba cada mañana el anti ojeras para corregir, no sé muy bien que, antes de salir para el colegio. Y ayer, que nos fuimos de concierto, apareció en mi dormitorio sutilmente maquillada con sombras, colorete, brillo de labios y su preciado corrector… más linda ella.

Hombres y mujeres coinciden en opinar que ellas con maquillaje están más atractivas, más saludables y mucho más femeninas. Y sí, ya sé que en esta afirmación caben un montón de matices, pero ante un maquillaje estándar en el que se resaltan ojos, labios, y se aporta un poco de color a la piel la impresión causada es esa.

Pero no es solo cuestión de belleza. El maquillaje en las mujeres podría incluso estar ligado al éxito profesional y a un estatus social alto. Así que el hecho de maquillarnos o no, podría ser determinante en muchas ocasiones. Y más, si tenemos en cuenta que aquí ya no hay acuerdo entre los dos sexos, pues apreciamos de manera diferente el hecho de que una mujer esté maquillada.

Ahora veréis a que me refiero.

En un estudio científico sobre la percepción del maquillaje, un grupo de hombres y mujeres valoraron el atractivo, el poder y el prestigio ante una serie de imágenes de rostros de mujeres con y sin este tipo de cosméticos.

Poder y prestigio son dos características que se estudian en el comportamiento humano por su relación con el estatus social. El poder tiene poca aceptación entre la mayoría de nosotros al asociarlo con arrogancia, narcisismo e incluso agresividad. Por el contrario, el prestigio implica habilidades y cualidades excepcionales en el individuo, y está vinculado con el orgullo y la seguridad en uno mismo.

Pues bien, los resultados de la investigación indicaron que mientras los hombres percibían el prestigio cuando ellas estaban maquilladas, las mujeres hacían referencia al poder.

Pero, ¿por qué las mujeres juzgamos tan duramente a las de nuestro propio género?

La respuesta es fácil de comprender, los hombres en la sociedad no suelen competir directamente con las mujeres. A ellos les va a importar muy poco que la mujer esté o no maquillada, no es rival en ninguno de los dos casos. Además, piensan que el maquillaje le aporta a la mujer un halo de atractivo, que no solo le hace estar más guapa sino que también tenga mejor sentido del humor, sea más extrovertida y con mayor autoestima. Cualidades que inclinan claramente la balanza hacia el prestigio.

Sin embargo, ellas solo ven problemas. El hecho de estar rodeadas de mujeres bellas supone toda una amenaza. Las mujeres maquilladas resultarían más jóvenes y por tanto más fértiles. Además, el que sean más atractivas nos puede llevar a pensar que tienen mayor numero de relaciones sexuales y para colmo, que son menos restrictivas durante estos encuentros. En definitiva, unas promiscuas.

No es alucinante todo lo que pueden averiguar estos científicos.

Los celos llevan a las mujeres a hacerles la puñeta a las de su género. Así es la naturaleza humana. El hombre tiende a resolver sus conflictos mediante la fuerza física, y la mujer mediante agresiones indirectas como la exclusión o el cotilleo.

La diferente percepción que tienen hombres y mujeres sobre el maquillaje podría tener repercusión en como las mujeres interaccionan con otros individuos, cualquiera que sea su sexo, e influir en como se presentan ante los demás, sobretodo en el ámbito profesional.

Y yo, ahora, me voy a por el quita esmalte para mi hija, que su padre llega mañana y no le va a hacer ni pizca de gracia ver a su niña con esas uñas. Por lo menos por ahora.

Que las hormonas gobiernan la vida de muchas mujeres puede sonar un tanto dramático y exagerado. Pero que encima estén relacionadas con que seamos más o menos atractivas, eso ya son palabras mayores.

Sin embargo, el idilio entre los estrógenos y la belleza viene de largo. Hay estudios curiosísimos al respecto en los que a más de uno y de una le hubiera gustado participar, como investigador por supuesto, que para que te saquen defectos nadie se ofrece.

Ahora veréis a que me refiero.

¿Alguna vez te has cruzado con una mujer, y así como el que no quiere la cosa, te has fijado en sus manos, en su cuello, en su rostro, has hecho un pequeño cálculo mental y has soltado una cifra, su edad, a modo de veredicto?

Pues algo similar hizo un grupo de científicos en un estudio sobre la estimación de la edad en la mujer, y resulta que a las que más años le calculaban, así a ojo sin más, eran las que menos estrógenos tenían circulando por su cuerpo. Por el contrario, las que aparentaban ser más jóvenes presentaban niveles muy elevados. Los resultados fueron sorprendentes, aunque criticables, porque no tuvieron en cuenta si eran fumadoras o no. Un detalle que a la piel rara vez se le pasa por alto.

Después le llegó el turno al atractivo. Y no uno, sino varios estudios coinciden en que las mujeres más atractivas, más femeninas y con aspecto más saludable  también tienen los niveles de estrógenos más altos. Incluso dentro del propio ciclo menstrual, resulta que los días en los que una está guapa a rabiar son los días en los que se es fértil, y por tanto, con los estrógenos disparados.

Pero como nada dura eternamente. Tras un período de pleno apogeo entorno a los 20, los estrógenos no hacen más que disminuir hasta aproximadamente los 50 años, que llega la menopausia y se produce la gran hecatombe. En cuanto a estrógenos se refiere, claro está, que no quiero que se deprima nadie.

¿Y qué le pasa entonces a nuestra piel? Pues de todo. Y quien ya haya superado la treintena asentirá. Para ser exacta y sin ánimo de parecer un anuncio de cosméticos: flaccidez, descolgamiento, manchas, arrugas… 

Los estrógenos hacen mucho por la piel. Mantienen un espesor adecuado de la dermis, la capa intermedia de la piel, aumentando la producción de elastina y colágeno, e impidiendo que este último se destruya.  Pero además, retienen el agua que hay en esta capa, con lo cual la piel está turgente y bien hidratada. 

Así que mientras están, ¡son una maravilla!

En la naturaleza nada ocurre sin sentido. El que una mujer sea, TÉCNICAMENTE, más atractiva durante la época fértil de su vida tiene su lógica. Al menos evolutivamente hablando.

La diferencia entre una mujer pre-menopáusica y otra post-menopáusica es, sin lugar a dudas, la capacidad que tiene la primera de traer criaturas a este mundo.  Como al fin y al cabo de eso se trata, de compartir tus preciados genes con el otro sexo, pues mejor hacerlo con quien se presente más joven y saludable, y te asegure larga vida para tu descendencia.

Y ojo, que esto no es cosa de hombres ni de mujeres, y mucho menos de religiones. Esto es cosa de nuestros genes, que son así de puñeteros.

Por cierto, la foto de ahí arriba es de mi abuela, un par de días antes de fallecer a los 98 años de edad.  Sin colágeno, ni elastina y muchísimas arrugas. Pero preciosa ella en todos los sentidos.

Leído así, de sopetón, parece que yo tuviera algo contra el cuadro, pero no. La afirmación viene de un tipo del Imperial College de Londres, que publicó hace un par de meses un artículo al más puro estilo CSI. 

Antes de leerlo, nunca me hubiera imaginado que la Venus en cuestión sufriera problemas de tiroides. Sin embargo, a esta conclusión llegó hace tiempo un grupo de investigadores que pensó que por muy rolliza que se le dibujara, más que papada esta chica lo que debía de tener era bocio. 

Ahora le ha tocado el turno a la sirvienta, que también tiene bocio. Y lo que yo hubiera jurado que era un efecto de las pinceladas resulta que tiene toda la pinta de ser vitiligo. 

Pero bueno Rubens, si más que un cuadro esto parece un tratado de medicina!!! 

La cuestión es que si estas dos chicas existieron de verdad y coincidieron en tiempo y lugar debieron de estar expuestas a algún factor ambiental que desencadenase todo esto. Y no lo digo yo, lo dice el del Imperial College, que a este paso le contratan de guionista en la mencionada serie de investigación. 

Rubens pintó el cuadro en 1615 en Amberes al norte de Bélgica, zona vinculada históricamente con elevados consumos de yodo. Esto podría explicar el origen del bocio en la Venus y de un tipo de tiroides autoimmune responsable del vitiligo con bocio de la sirvienta. 

En las enfermedades autoinmunes las defensas del cuerpo, un tanto trastocadas, atacan al propio individuo. 

En el caso del bocio, este ataque va dirigido a la glándula tiroides, provocando el abultamiento de la zona delantera del cuello, por debajo de lo que llamamos comúnmente la nuez. 

En el vitiligo, el ataque afecta a la pigmentación de la piel y del cabello de forma irregular, lo que provoca la aparición de unas manchas decoloradas muy características. En la sirvienta podrían verse en varias zonas del rostro y del cuello, y en el mechón de pelo blanco recogido hacia atrás. 

Es curioso que “La Venus en el Espejo” se haya convertido en la primera representación pictórica del vitiligo. Antes solo se habían encontrado pequeñas descripciones en textos antiguos. 

Pero lo más relevante es que estos descubrimientos podrían aportar una visión histórica de la distribución, frecuencia y factores desencadenantes de la enfermedad del tiroides en el norte de Europa, lo que se conoce como epidemiología. 

Dicho esto, vuelve a mirar el cuadro. ¿A qué la Venus tiene bocio y su sirvienta vitiligo? 

Estamos familiarizados con la idea de bacterias buenas y bacterias malas. La industria cosmética lo sabe.

Términos como “respetuoso con el microbioma”, “imita o estimula la protección natural de la piel” y otros que no quiero ni repetir se han hecho cada vez más frecuentes.

¿Pero de dónde se han sacado esto?

Pues a ver, hay hechos científicos que casi todos tenemos muy claros. Uno de ellos es que las bacterias que están en nuestro tracto digestivo son necesarias, y que si queremos gozar no solo de una buena digestión sino también de una buena salud debemos de cuidarlas.

De ahí que en los refrigerados del supermercado haya un sinfín de yogures repletos de bacterias buenas que prometan mantener a raya a las que no lo son. Y que además, para el que no es muy de yogur, haya suplementos alimenticios con tal concentración de bacterias amigas que ni en una placa de laboratorio.

Y pensaréis —si muy bien pero, ¿qué tiene que ver todo esto con un cosmético?

La idea tiene su fundamento, la piel también tiene sus microinquilinos. Y tal y como ocurre en los intestinos (por dios, que palabra más fea), son muy necesarios para que mantengan la piel saludable y actúen evitando la entrada de todo mal bicho que se digne a aparecer.

La microflora de la piel (a los de marketing les gusta más usar microbioma) está formada por muchísimas bacterias, cada una de su padre y de su madre. De hecho, hay tanta diversidad que es un enorme problema hacer un “censo” de estas bacterias. Varían de la cara al antebrazo, entre la mano derecha y la izquierda, entre hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Y si incluimos los hábitos de higiene, estilo de vida y demás, el tema se convierte en una autentica locura.

El caso es que todavía no se tiene muy claro el “para qué” de estas bacterias en la piel. Los avances técnicos están consiguiendo ponerles nombre y apellido. Aun así, es difícil comprender del todo su función como guardianes de la piel o cualesquiera que sean sus otros quehaceres.

Hasta aquí, todo muy lógico. Pero insistiréis —hablando de cosméticos, de belleza, de estar guapas… ¿y de bacterias?

Suena raro pero sí.

Se está estudiando por ejemplo el acné o la quemadura solar en relación con la microflora, y ya antes se había hecho con la dermatitis atópica y la sequedad de la piel.

Pero antes de continuar, ¿os suenan los PREbióticos y los PRObióticos?

Los PREbióticos, son comida para las bacterias buenas, para que crezcan bien y trabajen más, pero para las malas son todo lo contrario. Y los PRObióticos son bacterias buenas, vivas o adormiladas, que ayudan a equilibrar las microfloras del intestino o de la piel.

Pues bien, en el año 2005 salió al mercado el primer cosmético con PREbióticos, que incluía extractos vegetales de pino, arándano y ginseng, capaces de reducir el número de P. acnes, la bacteria responsable de la inflamación de la piel con acné. Después llegaron PRObióticos que mimaban a S. epidermidis ayudando así a las pieles sensibles y enrojecidas.

Poco a poco, el mercado ha ido creciendo y actualmente este tipo de cosméticos constituyen un diminuto nicho con un potencial gigante. Uf, con esta última frase parece que soy de marketing.

Llegados hasta aquí, seguro que tendréis en mente la pregunta del millón.

Y sí, a mí me gustan. Principalmente por tres razones:

Primero, son cosméticos pensados para actuar en la capa más externa de la piel, la epidermis. Y esto facilita muchísimo las cosas.
Segundo, el uso de PRE y PRObióticos a nivel terapéutico viene de largo, así que aprovechar estos conocimientos es un buen comienzo.
Y tercero, hay muchos científicos estudiando y publicando cosas súper interesantes.

Las evidencias científicas son un requisito fundamental para el éxito de un producto, y más cuando se trata de un cosmético ya que la credibilidad en esta industria siempre está en entredicho. He aquí, motivo número uno por el cual me he puesto a escribir este blog.

En cualquier caso, aún quedan por superar muchas dificultades.

Como el trasladar los resultados obtenidos en el laboratorio a cosméticos que gusten y satisfagan las expectativas del consumidor, o el que estos “yogures cosméticos” se mantengan en condiciones lejos del frío, y tengan una vida razonable en nuestros cuartos de baño.

Y puestos a pedir, yo pediría mejorar y abaratar la tecnología, para que en un futuro sepamos quienes son los microinquilinos que tiene cada uno en su piel, y diseñar entonces cosméticos con los PRE y PRObióticos más adecuados.

Lo contentos que estaríamos todos con nuestra piel.

Molaría.

“Eso que os acabáis de echar se está cargando los corales”

Así de claro fue Pablo, mientras nos untábamos de crema solar minutos antes de meternos en el agua en una fabulosa playa del Indico.

Acto seguido sacó de su mochila otra crema, y como si de un anuncio de publicidad se tratase, nos dijo que la suya sí se podía usar al ser BIODEGRADABLE.

Todos los allí presentes tomamos nota de aquello. La recomendación venía de alguien que ha visto ya muchos mares. Como instructor de buceo tiene la obligación moral de indicar a sus clientes que no toquen ni arranquen los corales, que no se pongan de pie en ellos y que tengan la precaución de no golpearlos con las aletas. Ahora además, evitar entrar en el agua con protectores solares.

Aquella situación me pilló completamente de nuevas. Los filtros solares siempre han sido muy controvertidos por sus efectos sobre nuestra salud, aunque su uso está bien regulado por la Unión Europea.

Pero que fueran responsables de la desaparición de los corales… De esto no tenía ni idea.

Sin embargo, hay estudios científicos que relacionan los efectos de los protectores solares no solo sobre los corales, sino sobre una gran parte del ecosistema marino que requiere de la luz del sol para vivir. De aquí, que este sea un problema que nos afecte a todos, tengamos o no en nuestras costas espectaculares arrecifes de coral como en los documentales.

Se debe a que algunos filtros solares se comportan como bioacumuladores, lo que significa que estos organismos marinos absorben estas sustancias tóxicas pero después no son capaces de eliminarlas, y acaban provocándoles algo parecido al estrés, lo que conduce al blanqueamiento de los corales y a sufrir más infecciones víricas. En definitiva, un descenso claro en las poblaciónes de estos seres vivos.

Los compuestos responsables de tal destrozo son dos, oxybenzone y octinoxate (por si hubiera alguien interesado en buscarlos entre el minúsculo jeroglífico de nombres que hay en la lista de ingredientes de un cosmético, aparecen como BENZOPHENONE-3 y ETHYLHEXYL METHOXYCINNAMATE).

En Hawai acaban de ser prohibidos. Para el año 2021 no se podrán vender ni distribuir cosméticos solares que lleven alguno de estos dos ingredientes.

Como era de esperar la industria cosmética ha puesto el grito en el cielo. Sus argumentos van dirigidos a culpabilizar del deterioro de los corales al cambio climático y la sobrepesca entre otros, a alertar sobre el aumento del riesgo de lesiones en la piel por falta de protección solar, y al hecho de que en otros países el uso de estos filtros se considere seguro.

En Europa, la cantidad máxima permitida de oxybenzone se redujo en septiembre de 2017 al 6%. El octinoxate se mantiene al 10%. Resumiendo, los seguimos usando.

Entonces, ¿en qué quedamos son buenos o no?

No es fácil contestar a esto.

La regulación europea sobre productos cosméticos los considera seguros para el ser humano en las cantidades indicadas, y por ahora, tampoco hay peligro para otras especies, pues al analizar estas sustancias individualmente en un laboratorio los resultados obtenidos no hacen suponer lo contrario.

Sin embargo, cuántas personas conoces que no usen protector solar para ir a la playa. Seguro que pocas. Si hasta mi padre que los huía como la peste me sorprendió hace poco rociándose la calva con un spray solar.

La cuestión es que al meternos en el agua perdemos al menos un cuarto de lo aplicado. Teniendo en cuenta que cada vez hacemos más caso de las recomendaciones y nos ponemos unos 36 g de crema o similar por adulto, la cantidad que queda en el mar es alta.

Pero lo relevante no está en lo que se aplica un solo individuo, sino en lo que hacen los miles que abarrotan las playas. Ahora sí que la cantidad de protector solar que dejamos en el mar se dispara. Este es el verdadero problema.

Visto así, una decisión como la de Hawai es comprensible. Los arrecifes de coral no solo son importantes por su riqueza ecológica sino también por los enormes ingresos que genera del turismo, por lo que prestar atención a su conservación es asunto prioritario.

Con lo que soy critica es con el etiquetado que llevan determinados productos solares. El que sea “biodegradable” o “respetuoso con los corales” no garantiza nada. Lo que han hecho es sustituir los dos filtros solares conflictivos por otros que también han empezado a cuestionarse.

Es evidente que se necesita mucha más investigación para poder determinar que filtros solares pueden considerarse a ciencia cierta —me encanta esta expresión— buenos o malos para el medio marino.

Mientras, los cosméticos de protección solar son y seguirán siendo fundamentales. No se me ocurriría dejar de usarlos. Pero si además utilizásemos habitualmente camisetas con factor de protección o de licra (mejor que el algodón), reduciríamos al menos a la mitad la cantidad de crema que queda en el mar.

Y este, es un gesto muy sencillo para empezar a solucionar un gran problema.